Por Javier Lozano
Más allá del asunto de unidad, que se ha mantenido en una alianza, y de los fines comunes que existen en la agenda, la coalición Seguimos Haciendo Historia ha tenido puntos de vista que nacen de la concepción propia de cada fuerza política. Es, como dijo AMLO, el derecho a disentir sobre un tema. En los propios debates, que vemos a diario, hay, en ocasiones, opiniones que, en lo personal, no me sorprenden, sobre todo por quienes se atreven a alzar la voz. Uno de los temas, quizá de los más polarizados, será encontrar el consenso para la Reforma Electoral. Justamente eso, a la postre, generará un espiral de posicionamientos porque, en una democracia participativa, los contrapesos tienen un valor sustancial. Aunque no se ha hecho público, es una realidad que el Partido del Trabajo, que es, de esa unión o sociedad, el único aliado que ha tenido López Obrador y el movimiento desde que comenzó la resistencia, pondrá sobre la mesa alguna alternativa reformadora.
La contribución del PT, tanto en el plano político como legislativo, es de vital importancia. Lo fue, de hecho, para ganar las elecciones presidenciales en aquel histórico 2018. A mediados de ese año, recuerdo, los votos del petismo nos enseñaron que son fundamentales para alcanzar los objetivos, sobre todo en una agenda legislativa. Ese sólido apoyo, en definitiva, es el motor que nutre y alimenta el sistema inmunológico de la coalición. Todo eso, en el fondo, es lo que ha repercutido para que las políticas se conviertan en mecanismos que atienden la necesidad social educativa, de salud, desarrollo, paz, ciencia y tecnología, sin olvidar los programas sociales que, además de todo, han sido el sostén para que millones de mexicanos, de un tiempo para acá, salieran de la pobreza. Eso ha sido posible porque se ha ido atendiendo el llamado o la petición del pueblo.
Un elemento importante para ello, debemos reconocerlo así, es el aporte del Partido del Trabajo. Ellos, que cada desafío están presentes, serán una pieza crucial para que Morena gane la mayoría de las gubernaturas en 2027. Eso, de entrada, implica que se establezcan los consensos, en una mesa de negociación, para que las posiciones, de común acuerdo, ponga nombres y apellidos a los representantes populares que habrán de cargar con la responsabilidad de refrendar el buen momento de la izquierda. Siendo así, no podemos dejar de lado la proporción numérica que ha ido en ascenso para el PT. Lo digo porque muchos, de repente, han dicho que es mejor competir cada uno desde sus trincheras. Lo que pasaría, de ser así, es que se dividiría el voto de las fuerzas progresistas y, en el peor de los casos, le abres la puerta a la oposición para que respire oxígeno ahora que ha dejado de ser un contrapeso real.
Si somos francos con la narrativa, se habla de 16 de 17 gobernadores para la coalición Seguimos Haciendo Historia. De hecho, el papel que jugará el PT y PVEM, tan solo en Querétaro, es la oportunidad inmejorable para acabar con la hegemonía del PAN. Como sabemos, la disputa será reñida y, por ende, hay que fortalecer el trabajo territorial que, dicho sea de paso, ha calibrado la contundencia que puede llegar alcanzar si se concreta un pacto de unidad entre los tres, especialmente ahora que se ha vuelto tan necesario ganar uno de los enclaves que, en décadas, ha estado en poder de la derecha.
No es que sea capricho, sino todo lo contrario: el PT, por lo menos, debe encabezar una o dos entidades federativas en las 17 gubernaturas. Ya corresponderá a las dirigencias establecer cuales son. Si lo vemos por el liderazgo jerárquico, Alberto Anaya, presidenta nacional del PT, tendrá mano para proponer algún perfil de su confianza. A nivel nacional, de hecho, Reginaldo Sandoval, quien además es coordinador de la fracción parlamentaria del PT en San Lázaro, se ha convertido en ese hombre en el que recaen las responsabilidades. El propio Sandoval Flores, quien ha permanecido en los momentos más críticos del PT, sería la carta en Michoacán del máximo exponente del Partido del Trabajo.
Y Reginaldo Sandoval, además de responder con liderazgo la encomienda de coordinador, es uno de los mayores activos a nivel nacional. Él mismo, en diferentes espacios, encabeza reuniones con funcionarios de primer nivel, como la Secretaría de Gobierno, o el propio titular de seguridad, Omar García Harfuch. Lo que hace es, ni más ni menos, acercar las voces de miles de personas. Ser un portavoz del pueblo, que vive acompañado de constante diálogo, es lo que ha puesto al coordinador en el centro de los reflectores. Ya dio el primer paso; es decir, se declaró listo para ir en busca de la gubernatura de Michoacán. Su influencia al interior, desde luego, ha hecho que el apoyo sea total. Él es, sin ir más lejos, la apuesta del PT para el Solio de Ocampo. Eso ha implicado años y años de trabajo. Por eso se ha ganado el cariño y el respeto de las bases.
Para abrir paso a ello, hablo de la gubernatura, veo dos posibles escenarios para él. El primero, ahora que mostró fuerza en un evento masivo en la ciudad de Morena, es afianzarse en la encuesta que es, por su historia, un mecanismo que hace posible lo imposible. Y la otra, de plano, es que venga la instrucción de ceder la estafeta al PT para que encabece los trabajos de coordinación de la defensa del voto en Michoacán. Eso, sin ir más lejos, puede ser una muestra de justicia social para el Partido del Trabajo, que siempre, desde los inicios de la lucha democrática de México, ha caminado con Andrés Manuel López Obrador. Hoy, ya con el bastón de mando, esa lealtad la muestran a favor de Claudia Sheinbaum.
De darse las circunstancias de esa forma, queda claro, Reginaldo Sandoval no solo mantendría vivas las esperanzas de ser el abanderado de la izquierda, sino tendría un pie y medio en el despacho de la administración estatal, pues él, que es sinónimo de competitividad, es garantía de ganar una elección de esa naturaleza.









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