Por Javier Lozano
Si revisamos un poco el sistema de partidos, por lo menos las últimas tres décadas, podemos ver con claridad un sinfín de partidos que desfilaron. Algunos, de hecho, fueron la herencia de la disolución o de la propia inconformidad que detonaba, en aquel entonces, del propio oficialismo en los tiempos del PRI. De hecho, muchas expresiones se dieron a la tarea de construir estructuras por el simple hecho de haber tenido un disgusto o desencuentro en la toma de decisiones. De ese modo, muchos de ellos, por los confines de la política, no debemos denominarlos como alternativas, sino como una especie de componente para fragmentar el voto. Eso, desde luego, podemos entenderlo como algúno que otro partido. Fue entonces, más que una propuesta ciudadana, un formato obsoleto que, ante las bondades de las prerrogativas, brotó al mosaico electoral.
Muchos de ellos, al no tener una razón de ser y una declaración de principios, se quedaron en el mismo camino. Otras, en cambio, ha perdurado por décadas porque su esencia, fiel a las causas que decidieron abanderar, han alcanzado los objetivos que se trazaron desde su gestación. Uno de ellos, sobra decir, el propio Partido del Trabajo. Sin entrar en comparaciones, la sociedad ha visto en ellos un compromiso sólido con las políticas públicas. El PT, con entrega y sacrificio, cumplió hace poco 35 años en esas luchas históricas por la democracia. Es obvio que, detrás de todo ello, se han plasmado sucesos que han contribuido a la democratización del país. El PT, por ejemplo, es la única expresión que acompañó a López Obrador en su intento legítimo de llegar a la silla presidencial. El principal factor, de una realidad incuestionable, es la afinidad y la cercanía que tienen con la población, principalmente aquellos sectores que, por su vulnerabilidad, son merecedores del acompañamiento.
Al tener todo el mérito y el derecho político de hacerse llamar de izquierda, el PT ha llegado a un punto de consagración. Eso, desde luego, conlleva una enorme responsabilidad. Junto a López Obrador, de hecho, el PT fue pionero de esa reconciliación social luego del triunfo electoral de aquel histórico 2018. Tanta fue su aportación sustancial que, al correr las horas, supimos que la suma de esfuerzos trajo dividendos no únicamente para propiciar la transición anhelada, sino para coronar victorias en entidades claves. Eso es, en un colectivo, el fin de las alianzas, sobre todo cuando se organiza el trabajo de avanzada y el activismo territorial.
Para no ir más lejos, el PT ha participado en un cantidad numerosa de procesos electorales que, con antelación, fueron parte de esa palanca de impulso que ha conseguido sentar un hecho sin precedentes. Pasó en Michoacán. Inclusive, muchos no han logrado aceptar lo valioso que significó la suma cuantitativa que marcó la diferencia. Con mucho orgullo, de hecho, el PT hizo una apuesta que, a la par, ha marcado la pauta para hacer los ajustes necesarios en materia constitucional local. Siendo el compromiso única y exclusivamente con el pueblo, eso les ha traído estar en el ánimo de la gente. Hoy, en efecto, el PT es una de las fuerzas más sólidas de Michoacán y el país. De eso, proveniente de una lucha larga por la democracia, son siempre datos que debemos percibir a grandes rasgos.
Vamos al ejemplo claro de Durango y Veracruz. Uno que otro personaje, que despreció el poder político del PT, miró con estupor lo que es capaz de producir un partido que siempre juega a favor de las causas sociales en las canchas progresistas. Recuerdo, por ejemplo, la entrevista en El Financiero que sostuvo el coordinador de los diputados en San Lázaro, Reginaldo Sandoval. Un punto a favor, comentó, es el arraigo que ha tenido el PT a lo largo de los años. Hablamos no solamente de discurso, sino de hechos sustanciales. Eso quedó plasmado en las propias estadísticas que se revirtieron al conseguir más municipios. Después de todo, fue una jornada de muchos dividendos para el partido del trabajo.
Y sí, al imponerse de esa manera le hizo ganar mayor respeto a nivel nacional. Yo no sé si Morena va a preferir ir solos en algunas entidades y distritos. Sería, además de un error de cálculo, una decisión pésima y una apuesta arriesgada considerando que, la suma de las tres fuerzas, han marcado la diferencias para lograr la mayoría en el legislativo federal. De hecho, el PT ha dejado claro que, pese al derecho a disentir, tienen una agenda en común con las propuestas que ha puesto sobre la mesa la presidenta. Aunque, más allá de eso, los legisladores del PT y PVEM, está claro, pedirán un debate amplio sobre la propuesta de modificación al asunto electoral que muy pronto entrará en escena. Lejos de poder adelantar las vísperas, tendremos que esperar a la postura que tome cada uno de los partidos. Hay, en efecto, cierta especulación de la polarización porque, de concretarse, habría más restricciones para que las voces de las minorías puedan ser escuchadas. En una democracia, por lógica, se deben convocar a todas las opiniones. Las contrapartes también merecen espacio y tribuna para exponer sus demandas.
Pero no quiero adelantarme. Un error, de igual manera, es supeditar el voto de una reforma con la permanencia de una alianza. Sin importar la decisión que tome el PT y PVEM, de la reforma electoral, debe reinar la unidad. Ambos partidos, desde luego, estarán en todo su derecho de opinar, sobre todo si se trata de salvaguardar los espacios de participación para aquellas voces que se decantan por las minorías. Siendo así, lo llamaría como un periodo decisivo para reivindicar una fuerza que, cuando se aglutina, ha demostrado ser infalible para vencer a una oposición que, de pronto, se desmorona a lo largo y ancho del país. Es, a propósito de ello, el momento perfecto para aceitar la maquinaria ahora que entramos a un año de definiciones por las 17 gubernaturas que estarán en juego. En todas ellas, sin excepción alguna, el PT tiene margen de maniobra para movilizar a las estructuras y demostrar de lo que están hechos.









Discussion about this post