Por Javier Lozano
A principios de este año, como acuerdo entre las tres fuerzas que integran la coalición Seguimos Haciendo Historia, se estableció la aplicación de una metodología y de un par de encuestas espejo que permitieran cotejar la información recolectada y, en consecuencia, validar las muestras para proclamar a un ganador. Esa perspectiva se pactó no solo para revisar a detalle cada rasgo, sino para armonizar un ejercicio que, por su magnitud, siempre termina elevando las tensiones. El problema fue que dicha estrategia, al no cumplirse al pie de la letra, provocó un punto de inflexión que poco a poco subió de tono. Al poco tiempo, lo atestiguamos en los medios de comunicación: las circunstancias alcanzaron su clima más álgido; es decir, no se eficientó un ejercicio transparente, al grado de generarse un reclamo legítimo por parte del Partido del Trabajo.
Al ver las decisiones que se estaban tomando —no como medida coercitiva, sino como un mecanismo de protesta justificada—, el coordinador de la fracción parlamentaria del PT en San Lázaro, Reginaldo Sandoval, se convirtió en la voz más visible de ese bloque que, aunque muchos lo duden, se ha ganado prestigio y respeto por ser una expresión coherente y fiel a la declaración de principios de un movimiento de izquierda. Es verdad: para nadie es sencillo aguantar la enorme presión que, siendo francos, solo genera descontentos y desencuentros entre la militancia; sin embargo, el PT, como vimos en el clímax de la reforma electoral, sostuvo con firmeza la posición que defendió desde un comienzo. Al poco tiempo, cuando las tensiones bajaron de decibeles, Morena comprendió que, dentro del movimiento, el derecho a disentir es letra sagrada.
Precisamente hoy, cuando el diálogo parecía agotarse, Morena y el PT, juntos y de forma civilizada, han construido una mesa técnica para dar seguimiento a los trabajos que se están aplicando para nombrar coordinadores de la defensa del voto. Aunque tomó algunas semanas encauzar el diálogo, se trabajará arduamente para darle legalidad al ejercicio. Al establecer los criterios, comprometidos bajo palabra, vendrá una dinámica de participación a la que todos y todas tendrán que someterse para oficializar a quien será el representante de la coalición en las boletas. Me explico: Morena ha nombrado diez representantes. Ellos, al interior, siguen siendo coordinadores, pero oficialmente no son candidatos. Eso significa que todavía tomará algún tiempo decretar al ganador, mayormente porque, al interior de la alianza y bajo escrutinio, se aplicarán tres encuestas espejo para calificar el grado de popularidad, conocimiento y percepción de los representantes de Morena, PT y Partido Verde Ecologista de México.
Al ser indispensable para transparentar la democracia participativa, esto forma parte de los acuerdos alcanzados con los liderazgos de peso tanto de Morena como del PT. Entonces, como mecanismo inmediato, se asoma un nuevo periodo en el que se levantarán estudios demoscópicos que, en medio de esta turbulencia, terminarán legitimando a quien el pueblo determine poner en las boletas. Y como no existe una designación formal propiamente dicha, esto abre la puerta para que Raúl Morón, Fabiola Alanís, Gladyz Butanda y Gabriela Molina puedan someterse al muestreo final. Incluso, antes de que se resuelva esto, cada una de las fuerzas tendrá la libertad de proponer una casa encuestadora para levantar las encuestas espejo. Aunque tome tiempo realizarlo, queda mucho margen de maniobra para operar los mecanismos pactados en el seno de la coalición Seguimos Haciendo Historia.
Esta nueva etapa, si queremos llamarla así, contribuye a la transparencia, pero también a la pluralidad. De hecho, toda esta posición refleja que se están asumiendo con responsabilidad los retos que deberán enfrentarse para revalidar triunfos en enclaves cruciales. Morena, pese al arrastre que tiene, no podía darse el lujo de defenestrar al Partido del Trabajo. Uno y otro, con la impronta que han construido por años, se vuelven fundamentales no solo para expandir el dominio, sino para asegurarse de que la mayoría calificada en el Congreso siga avalando las prioridades de la presidenta Sheinbaum.
Aunque es imposible determinar el número de distritos federales que se ganarán en coalición, lo que sí podemos afirmar, luego de destrabar esta tensión, es el fortalecimiento de un vehículo de participación que, por la fortaleza de sus estructuras territoriales, enfrentará a una oposición que ha perdido la brújula. El origen de todo esto, actuando oportunamente, se debe en gran parte a la protesta legítima que encabezó Reginaldo Sandoval. Él, pese a entrar en el fuego cruzado del ala más dura de Morena, resistió y, de paso, encauzó los cambios y ajustes que se pactaron apenas ayer. Al echar mano de esto, maniobrado por diálogo, la coalición Seguimos Haciendo Historia puede ir haciendo cálculos de las gubernaturas que ganará con amplio margen. Será una gratificación a la buena disposición, primero, de transparentar un ejercicio de participación que, hasta hace poco, desató posturas. Por poco, a propósito de ello, eso pudo provocar una enorme fractura que habría reducido los procesamientos de datos que se han hecho.







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