Por Javier Lozano
En pleno proceso de definiciones —lo atestiguamos hace unos días—, el Partido del Trabajo sigue manteniendo la resistencia legítima, mayormente en la entidad de Michoacán. La idea de continuar luchando hacia adentro traerá un efecto positivo entre la población civil. El asunto, estando claro, pasará por una minuciosa revisión de la ciudadanía que, a grandes rasgos, ha demostrado que su juicio puede mover el tablero electoral. Ellos y ellas, con gran poder para tomar decisiones, evalúan el espiral de acontecimientos que se han suscitado en los últimos días. Siendo así, podemos decir que este panorama no surgió de la noche a la mañana, sino de un trabajo que venía realizando el senador Raúl Morón a favor del proceso de transformación. Él, que ha velado por los intereses del movimiento de la 4T, será uno de esos liderazgos —aludiendo a la competencia electoral de 2027— que levantará enormes expectativas en la carrera por la gubernatura.
Antes de entrar en más detalles —y en los pormenores que marcaron esta decisión—, debemos decir que hay una razón muy poderosa para que el Partido del Trabajo haya tomado esta postura. Primero que nada, con los reflectores puestos, el tema es una cuestión legítima que el PT colocó sobre la mesa. Pidió, como cualquier otra fuerza política que integra una alianza, mano para abanderar algunas entidades. Aunque muchos dicen que fueron tomados por sorpresa con las designaciones, el propio PT aseguró que fue respetuoso de la decisión de Morena como partido. No puede existir un cuestionamiento, básicamente al guiarse por los mismos estatutos; sin embargo, un impasse se apoderó de la agenda porque la cuestión previamente pactada fue efectuar una evaluación espejo con cada uno de los participantes. Al ser un asunto medular, estando como uno de los puntos de las pláticas y negociaciones con las tres fuerzas, llama la atención que no exista un pronunciamiento, no para reponer el ejercicio, sino para carear las propuestas y, con ello, poner en el centro de los reflectores al candidato oficial.
Es verdad: los dirigentes de Morena han llamado a la calma y a esperar a que las pláticas fluyan. Puede decirse, sin más preámbulo, que están asumiendo su posición, pero se está dejando de lado la postura legítima de uno de los grandes aliados de Andrés Manuel López Obrador. Una parte sustancial de esta piedra angular que ha tenido éxitos es la política de alianzas que se ha tejido desde hace algunas décadas. El Partido del Trabajo, por ejemplo, puede presumir que es pionero de la lucha por la democracia, pero también es un protagonista insipiente de lo que ahora podemos describir como la Cuarta Transformación. Todo eso, en toda la extensión de la palabra, ha reposicionado a la 4T y, de paso, suma más adeptos a la causa. No podemos soslayar la colaboración crucial para que la mayoría calificada en ambas cámaras legislativas fuese posible.
Ya con Claudia Sheinbaum, al igual que pasó con AMLO, el PT sigue y seguirá acompañando la agenda legislativa de prioridades. Eso, desde luego, se hará con una lucha paralela que ha comenzado a operar el Partido del Trabajo en algunas entidades. No se trata de un berrinche ni mucho menos de una deslealtad. El derecho a disentir, por ejemplo, no debe ser solamente letra escrita, sino una praxis en la que las diferencias concilien con diálogo y entendimiento. Sabemos que por ahora las posturas no han tocado fondo; es decir, el PT tomó la decisión de perfilar a Raúl Morón en la carrera por la gubernatura de Michoacán. Los motivos no son una queja para provocar un cisma. Son, por cualquier ángulo que podemos verlo, una expresión genuina que es probatoria por el simple hecho de no aplicar la encuesta definitiva que se había pactado en coalición.
Independientemente de estas situaciones que están sucediendo, la primera misión del CEN de Morena es intentar abrir el diálogo con las contrapartes. De hecho, el principal objetivo, además de ganar, es legitimar ese ejercicio con la unidad. Sobra decir que las fuertes tensiones siempre terminan por ahuyentar a los simpatizantes que caen en una especie de confusión. No tardaremos mucho en saber de qué tamaño es la división que provocó la designación de Raúl Morón como coordinador del PT. El senador, desde su formación en las bases magisteriales, ha dejado claro que tiene un enorme liderazgo y, por supuesto, arraigo y presencia en todos los rincones de Michoacán. Eso, por un lado, no debe echarse al saco roto ni mucho menos minimizarse.
Como se vio en otros estados —recuerdo rápidamente Coahuila—, la postulación de dos candidatos de la misma fuerza terminó por dividir el voto y, por ende, se abrió paso para que una fuerza distinta ganara sin contratiempos. No sé realmente lo que vaya a venir en puerta en Michoacán; lo que sí podemos asegurar es que, si no existe un acuerdo para que se lleve a cabo una encuesta entre los perfiles de Morena y el PT, esto se va a fracturar. Morón, por ejemplo, puede ganar la elección porque es un personaje altamente rentable que sabe a la perfección cómo se juegan este tipo de contiendas. Al parecer, si esto continúa igual, Raúl aparecerá en las boletas oficiales bajo el vehículo de participación del PT. Las cartas están echadas.
Empero, resulta fundamental saber que, de cualquier manera, todavía está latente la propuesta de medir al ganador de la encuesta de Morena con Raúl Morón, que estaría representando a PT en el escrutinio final. Eso dependerá de si hay voluntad de todas las fuerzas por sellar un acuerdo de unidad y, por lo tanto, no presentar fracturas que puedan terminar minando las aspiraciones de la oposición.







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